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“El amor lo vence todo”

Por:   Miriam Millán 13 de febrero de 2018

Con 63 años de casados Pablo y Elvira siguen convencidos de que las tempestades de la vida se superan si existe respeto, amor y confianza.

 

Navojoa.-
Amigos, cómplices de aventuras y retos, compartiendo sinsabores, noches de desvelo, días de luz y sombra traducidos en alegría y penurias a los que siempre ha salvado y fortalecido el amor ha sido lo vivido por Pablo y Elvira durante sus 63 años de matrimonio.

Los navojoenses Pablo Quintero López y Elvira Montaño Quijada llevan en el corazón entrelazados sus destinos por décadas como ejemplo de lo que ellos definen como máxima: “el amor lo vence todo”.

Se conocieron casualmente en el Mercado Municipal una mañana de 1952 y “Cupido” los flechó al instante, convirtiéndose en un amor a primera vista e incondicional que como fruto ha dado en su vida a diez hijos, 39 nietos, 41 bisnietos y una tataranieta.

Víctor Pablo, Leticia Elvira, Luz Elena, Martín Javier, Manuel de Jesús, Iselda Aída, Miriam Guadalupe, María Azucena, Abel Ariel y Egrén Alonso, son sus hijos a los que consideran “su collar de perlas”.

En este 14 de Febrero, Día del Amor y la Amistad, esta pareja que a más de sesenta años aún siguen lanzándose piropos, riéndose de sus chistes malos y bailando canciones románticas, revela en exclusiva para LA VERDAD cómo ha sido su existencia en medio de los vaivenes.

“Yo trabajaba en un puesto de verduras en el Mercado cuando lo vi, llegó por ahí cerca a tomarse un refresco y me gustó, fue para mí amor a primera vista”, narró Elvira.

Tenía una amiga empleada del local donde miró a Pablo a la cual le confesó su sentimiento, dijo, pero ésta le aclaró que ya tenía novia, era músico y acababa de llegar de una gira de San Blas, Sinaloa.

Pero ello no cambió lo que sentía, señaló, porque en su interior presentía que algo sucedería a su favor, así que por un tiempo coquetearon pero sin conocerse bien hasta que supo que Pablo había “cortado” a la novia.

Pablo admitió que también quedó prendado por Elvira en el instante que desdibujó su cara.

“Y quien no si estaba muy bonita”, expresó, “sigue estando hermosa, es y será el amor de mi vida por siempre”.

Duraron un año y medio anduvieron de novios, luego con el consentimiento de sus padres decidieron casarse por lo civil en diciembre de 1954 y el 27 de enero de 1955 juramentaron amor eterno ante Dios a quien consideran su mayor fuente de fortaleza.

“Fue una boda por la iglesia muy humilde pero bonita, estábamos casados pero no teníamos ni para comer, de banquete se hizo ensalada de gallina, tocó la orquesta Los Chacales del Orégano porque en esa estaba Pablo”, comentó ella.

No hubo bebidas, ni cerveza ni vino, abundó, pues pese a que se pidió cooperación a los invitados el mesero que se encargó de ello “desapareció” con el dinero, más eso no importó, igual reinó la felicidad.

Luego vinieron los hijos, uno tras otro con poco más de un año de diferencia, contó Elvira, a quienes educaron con valores sólidos, el ejemplo de la unión y buen ánimo en las buenas y malas circunstancias.

NO HAY RECETA

Para Pablo y Elvira lograr que un matrimonio perdure por tantas décadas requirió de sortear con respeto, amor, comunicación, admiración mutua y diálogo por sobre todo, en una vida común en la que no hay “recetas mágicas”.

“Hemos tenido pleitos, discusiones, diferencias como todas las parejas, es algo normal, pero jamás nos hemos dejado vencer por los malos momentos”, subrayó Pablo.

Tal vez una buena decisión ha sido siempre ir a la cama juntos, no dormir separados, consideró, ni tampoco enojados, antes de terminar el día no hay problema que el diálogo no resuelva y un cariñoso beso de reconciliación.

El respeto a la pareja es vital, asentó, tanto en la manera de dirigirse como en la conducta, no se valen las infidelidades.

Y eso es precisamente lo que Elvira afirmó admira de su esposo, haberle sido fiel en los 63 años de matrimonio pese a la fama de “vaquetones” y mujeriegos que tienen los músicos.

“Lo más especial para mí ha sido la fidelidad de él, nunca me ha faltado como su compañera, su pareja, y eso es algo que mis hijos han visto y tomaron como ejemplo en sus vidas ya de casados gracias a Dios”, externó.

LOS HIJOS, COLLAR DE PERLAS

Como un collar de perlas por lo precioso, valioso y único es como esta pareja de enamorados considera a sus diez hijos, la mayor alegría que les dio la vida, todos profesionistas, ya casados y cimentados en la fe de que Dios nunca abandona y siempre da fuerzas para salir adelante.

Y es precisamente esa fortaleza la que aseguró Elvira les dio para afrontar la dificultad cuando el penúltimo de sus hijos nació en circunstancias difíciles de parto y tuvo complicaciones resultantes en discapacidad física.

Luchar porque él superara su condición ha sido el mayor reto como matrimonio, apuntó, haciendo de todo desde trasladarlo hasta la Ciudad de México para que recibiera terapias hasta darle ánimos a fin de que sin autolimitaciones terminara una carrera universitaria.

“Las demás cosas que pasaron fueron algo normal, momentos difíciles en lo económico pero sin que nos faltara alimento y casa, haciendo poco a poco un patrimonio, pero nada se compara a cualquier cosa que haya que hacer por un hijo, por ellos das la vida entera”, aseveró Elvira.

JUNTOS HASTA LA MUERTE

Pablo y Elvira esperan terminar juntos su vida, enamorados, hasta que Dios decida el momento final de cada uno, como reza el juramento que hicieron hace 63 años en el altar de la iglesia “hasta que la muerte los separe”.

“Yo le digo a él que si yo me voy primero no me deje sola, cuando también Dios lo llame quiero que nos sepulten en el mismo lugar, juntos hasta la muerte”, sentenció Elvira.

Lo mismo piensa Pablo para quien su mujer seguirá estando tan hermosa como el primer día que la vio y de la que nunca ha pensado en divorciarse.

Ambos están conscientes de que la vida ha cambiado mucho, los pensamientos de los jóvenes no son los mismos y ahora fácilmente ocurren los divorcios, las separaciones y pleitos lastimosos.

Y es que muchas parejas no admiten consejos de los padres, lamentaron, incluso se escudan en el poco tiempo que les deja el trabajo para no asumir la responsabilidad como padres si lo son, cuando es algo que bien puede combinarse cuando existe voluntad.

Pueden trabajar las parejas en común acuerdo, organizarse, cuidar de los hijos, apoyarse económicamente pero sin perder nunca la comunicación, el diálogo, compartiendo todo.

“Cuando uno se casa es como subirse a un barco y uno tiene que navegar no importa lo que pase, con tristezas, alegrías, enojos, pero los remos tienen que moverlos los dos al mismo tiempo, parejos”, puntualizó Elvira.

 

DATO…

La pareja se conoció en el Mercado Municipal una mañana de 1952 y “Cupido” los flechó al instante, convirtiéndose en un amor a primera vista e incondicional que como fruto ha dado en su vida a diez hijos, 39 nietos, 41 bisnietos y una tataranieta.

TESTIMONIOS…

Hemos tenido pleitos, discusiones, diferencias como todas las parejas, es algo normal, pero jamás nos hemos dejado vencer por los malos momentos”, Pablo Quintero López

“Yo trabajaba en un puesto de verduras en el Mercado cuando lo vi, llegó por ahí cerca a tomarse un refresco y me gustó, fue para mí amor a primera vista”,  Elvira Montaño

 

 

 

 

 

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