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Historia de Domingo

Por:   5 de agosto de 2017

La hora del adiós

 

Por Raúl Ruiz

 

Usain Bolt, uno de los hombres más rápidos del Mundo, debió leer antes de ayer a Manuel Gómez Morín.

Don Manuel, uno de los grandes humanistas de la nación (más que fundador del PAN, como más se le conoce) le habría dicho, seguramente, que no se expusiera.

Que no era necesario competir en los 100 metros del Campeonato de Atletismo en Londres y buscar hilar su triunfo número 12 de manera consecutiva.

Don Manuel, el chihuahueño brillante creador de instituciones (entre ellas el Banco de México, una de las más importantes de la estabilidad macroeconómica), le hubiera dicho al jamaiquino que no tenía que probar nada.

Que todo lo que cosechó en su larga y productiva carrera deportiva era suficiente para alejarse de las pistas en la cima de su carrera.

A los 30 años, Usain Bolt, un joven que soñó con la gloria deportiva y trabajó muy duro para ello obtuvo 8 oros olímpicos y 11 oros en campeonatos mundiales de Atletismo.

Nadie, de manera tan impecable y de esa impresionante forma tan consecutiva lo hizo antes.

Por eso cuando en Rio de Jaineiro, Brasil, el latinoamericano se confirmó como la gran figura del atletismo mundial, y anunció que no se iría ahí, sino en Londres, Inglaterra, todos supusieron

que le alcanzaría, dos años después, para refrendar sus medallas.

Estaba, en 2014, en la cima.

Nada lo enturbiaba ni hacía suponer que apenas a sus 30 años habría alguien que lo desafiara.
Pero se equivocó.

Y supo antes de la derrota de ayer, una estrepitosa derrota, que ello ocurría.

De hecho, lo que nunca le había ocurrido antes, no terminó en primer lugar en su hit eliminatorio, sino que quedó en segundo, superado por el estadounidense Christian Coleman, uno de sus eternos rivales.

Ahí todos nos dimos cuenta que el tiempo cobra facturas.

Después, en la gran final, vendría la debacle: Un veterano de las pistas Justin Gatlin, también de

Estados Unidos, corrió los 100 metros planos en 9 segundos con 92 centésimas de segundo.

Atrasito, en lo que fue una nueva humillación, llegó su compatriota Christian Coleman, con 9.94 segundos y en tercer lugar el ahora ex campeón mundial, Usain Bolt marcando 9.95 segundos.

El Rey había sido destronado.

Gómez Morín, no sólo uno de los fundadores del PAN, sino un hombre de convicciones firmes lo había dicho muy claro cuando le pidieron que se quedara dirigiendo a su partido y en la vida pública del País:

"... Hay que dar pasos a nuevas capacidades y métodos y vocaciones nuevos...".

Convencido de que los ciudadanos son los que transforman las sociedades y sus comunidades el visionario mexicano sostenía que hay que darles oportunidad a “hombres nuevos y nuevas aptitudes”.

Usain, aquel jamaiquino auténtico que bailaba en sus ensayos y quien le imprimió a la técnica de la corrida y a la imagen del atletismo una nueva mística, debió haberse dado cuenta que esos hombres nuevos ya estaban en la pista,

Coleman, por ejemplo, quien lo superó en la prueba final por apenas dos centésimas de segundo, tiene 21 años.

Es un joven, pero un joven experimentado.

Y así como él vienen otros empujando fuerte, a ritmos acelerados (y esto es literal cuando se habla de la carrera de 100 metros planos) en este campo y en otros

 

   ¿Es hora del retiro?

Lo ocurrido ayer en Londres, donde muere un Rey, pero nace un nuevo Rey (a Gatlin se le

anticipa un corto reinado por su edad, pues cuenta con 35 años y tampoco le ayuda su aspecto de hombre canoso prematuro), revela la importancia de saber retirarse.

No es fácil.

El proceso de depuración y retiro más natural sólo se ha dado ahora en las grandes corporaciones trasnacionales.

En esas firmas, la férrea competencia arroja, literalmente, a los altos ejecutivos a la calle de inmediato, cuando los resultados económicos de las empresas empiezan a palidecer.

Pero ahí hay un indicador económico el que los motiva. 

En donde no se ha logrado que esta premisa de Manuel Gómez Morín transite y tenga eco efectivo, por el fin de las propias instituciones o agrupaciones gremiales, es en la vida pública mexicana.

Es increíble la longevidad en el cargo de, por ejemplo, los dirigentes de partido o funcionarios públicos: “Son los mismos”, dice la gente. 

Lo que en realidad está tratando de decir es: “Estamos cansados de que sean los mismos”.

No cambiar limita la experiencia de nuevas prácticas y de nuevas oportunidades.

Cuando ello ocurre, las instituciones se afectan.

Y cuando hay retiros adecuados en tiempos y en momentos, la gente se queda con gratos recuerdos de sus ídolos.

Eso, por ejemplo, lo entendieron bien dos de las más queridas figuras del deporte mexicano:

Julio César Chávez, primero, y Ana Gabriela Guevara, después.

En ambos casos, su retiro fue digno y bien recordado.

“La leyenda del boxeo”, todavía le gritan a Chávez y se le reconoce por quienes supieron de sus grandes logros, que lo llevaron a ser considerado como el más grande boxeador en la historia del País.

Y en el caso de la sonorense Ana Gabriela (ahora Senadora de la República), las cosas no son menos trascendentes quien en el inicio del declive de su carrera, lo entendió y se fue.

El retiro digno es clave.

Es la manera como a usted lo recordarán.

Sea en el trabajo, en el deporte, en su calidad de líder comunitario, como dirigente de partido, de gobierno (por cierto, ad-hoc ahora que vienen las posibilidades de reelección), como entrenador de un equipo de deportivo, de la liga deportiva, del club social, de una institución educativa, de una institución religiosa…

Que sea usted quien decida, y que no sea el tiempo ni el desgaste físico, natural e inexorable, como ahora le ocurrió a Usain Bolt, quien lo retire.

Que no le gane eso que Gómez Morín, el estadista, llamaba “el prejuicio deliberado, la extraviada pasión” o el “apetito personal”.

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