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Roberto Rosas y su circunstancia (QEPD)

Por:   Bulmaro Pacheco 3 de enero de 2019

Roberto Rosas y su circunstancia (QEPD)

 

Bulmaro Pacheco

Roberto Rosas Ibarra fue un atípico presidente municipal de Huatabampo. No cobró sueldo durante los tres años que despachó en el Palacio de 1982 a 1985.Así lo explicaba: “Víctor Vega -el secretario del Ayuntamiento- tenía instrucciones precisas de atender a cuanto necesitado se presentara a demandar ayuda para medicinas, pasajes, comida, consultas médicas, pago a funerarias y todo lo que el pueblo pobre pide... hasta que se agotaran los 9 mil pesos mensuales que se asignaron en la nómina como sueldo del presidente, y a veces hasta más con dinero del propio bolsillo”, y no era pose.

Roberto Rosas como autoridad municipal fue de esa rara especie de servidores públicos que personalmente y muy temprano recorrían las calles para detectar basura tirada o reclamos no atendidos por Servicios Públicos; él mismo resolvía.

Fue dinámico, tenía iniciativa, no sabía de protocolos y sentía auténtico calor en el trato con la gente. De igual forma trataba a quienes detentaban algún poder y a quienes como personajes populares del pueblo lo buscaban. Nunca titubeó a la hora de enfrentar las crisis.

Don Roberto nunca cerraba la puerta de acceso al presidente municipal cuando despachaba en la oficina, por más confidencial que el asunto a tratarse fuera. “Para que la gente viera que no era pretexto el decirles que esperaran un poco y nada que esconder”, decía.

Cualquiera podía abordarlo, nunca tuvo secretario particular, le cargaba ese trabajo al secretario del Ayuntamiento que despachaba en una oficina contigua en el viejo Palacio Municipal.

Como presidente, los viajes a Hermosillo los hacía manejando él solo. Entró al gobierno municipal con un vetusto Valiant color ocre 1975, y el día que entregó la administración, en 1985 salió en el mismo carro, eso sí, con más kilometraje acumulado y sin mayores pretensiones.

En relación con el nepotismo en el gobierno decía; “Ningún Rosas (parientes) en la nómina para tener la voz completa”, “lo primero es ser honestos, lo demás viene solo”… era parte de su conducta en el manejo de los asuntos públicos.

Su administración estuvo castigada por penurias económicas y crisis de grandes dimensiones. Antes de entrar al gobierno municipal, México experimentó dos devaluaciones en 1982. Entre febrero y agosto el peso se devaluó 400%, con un impacto devastador en el costo de los insumos y en las nóminas.

En diciembre de 1984 le tocó a Rosas enfrentar -con decisión y carácter- una de las peores inundaciones en Huatabampo -la peor decían, desde enero de 1949-.Actuó con mucha sensibilidad, astucia y conocimiento, coordinando todo con el gobernador Samuel Ocaña; que incluso se fue a vivir a Huatabampo por una semana.

Llovió mucho en invierno, se llenó la presa Ruiz Cortines y hubo la necesidad de tirarle mil millones de metros cúbicos. ¡Inolvidable para muchos! A las pocas semanas el orden ya se había restablecido y los daños fueron resueltos porque se actuó a tiempo, con recursos y mucha coordinación entre los gobiernos.

Al final de su administración -que dejó sin deudas- a Roberto Rosas se le abrió la posibilidad de un escaño en el Congreso local y rechazó la oferta. “Lo que quería era una oportunidad para servirle a Huatabampo desde la Presidencia Municipal y ya lo hice” “Ahora me reclaman mis negocios y mi familia, porque no soy gente de abundantes recursos” le dijo a los representantes del PRI. Así era, así fue siempre.

Al concluir su periodo se retiró a la agricultura y a servirle a Huatabampo desde la sociedad civil, donde participó en varias encomiendas, entre ellas la consolidación del asilo de ancianos y la iglesia de la Colonia 14.

¿De dónde venía don Roberto? A la usanza migratoria de principios del siglo XX, la familia de don Óscar Rosas Talamante y Natalia Ibarra Amarillas, con orígenes en la Aduana Álamos y -el apellido- en la región serrana, procrearon 10 hijos. Entre 1917 que nació Óscar “Cayo”, (el mayor), y 1941 que nació Jorge, (el menor), nacieron Rodolfo, Francisco, María Esthela, Nora, Violeta,Roberto (1930), Celia y Delia.

Como todos los niños de la época, Roberto y sus hermanos hicieron la educación primaria en la única escuela que operaba en esos tiempos, la que estaba situada en los terrenos de la hoy escuela Micaela Amarillas de Bórquez, que antaño llevó el nombre del General Fausto Topete.

Terminó la primaria y le siguió con dos años de comercio en las recordadas escuelas de Carmelita Otero. Sin duda formó parte de una generación—con orgullo lo presumía— que por sus propias circunstancias se forjó a sí mismo. Mientras su padre sembraba garbanzo y tomate, todavía sin el riego de la presa, ellos debían estudiar por las mañanas y buscar trabajo por las tardes, los fines de semana y en las vacaciones escolares.

Siempre adujo: “12 de familia eran muchos, las necesidades también”. En ese medio, y en esas circunstancias se forjó Roberto, quien recuerda con nostalgia su primer salario en la Criba de Nacho Ruiz Rábago de “dos pesos diarios”, durante seis días a la semana, “para comprar ropa, y acudir a la refresquería de la plaza Juárez los domingos”.

Fungió después como cobrador del Banco Agrícola Sonorense y se metió de lleno en la compra de algodón, el cultivo de moda antes de la Segunda Guerra Mundial. Inició ahí una amistad inquebrantable con su socio de origen: Enrique (Jimmy) Love Mendívil. Entre las labores de cobrador, ayudante de banco y compra de algodón transcurrió parte de su juventud.

No eran muchos los vehículos automotores que por esos años circulaban en Huatabampo, a lo máximo 40. Roberto le compró su primera “troca” en 1954 a Rafael “Torbellino” Toledo, lo que le facilitó mucho las cosas para ampliar sus horizontes en materia de negocios.

De la cultura del esfuerzo auténtica, empezó a sembrar en tierra comprada -13 has.- por el rumbo de Cebampo al ex agente fiscal Eduardo Vizcarra, y empezó a combinar el trabajo en el banco con la agricultura, —una carrera que lo llevó a trabajar la tierra durante más de 50 años— y que lo llevó a conocer todo tipo de vicisitudes en la labor agrícola: plagas, sequía, heladas, malos precios, coyotaje, etcétera.

Decía que nunca se mareó con los ingresos obtenidos de la agricultura, Su manera de vivir y su austeridad provenían según sus propias palabras; “de la forma en cómo se forjó y la manera cómo entendió la dureza de la vida en sus inicios con sus hermanos y con la necesidad de superar sus propias condiciones de vida personal y familiar.”

Entendió pronto que “farolear” y el llevar trenes de vida frívolos, presuntuosos y sin sustento no llevaba a nada bueno. Según él: “Supo cuidar y valorar cada paso que daba y cada peso que ganaba”.

A principios de los cincuenta conoció a Elva Planagumá Gastélum, servidora pública en oficinas del gobierno estatal y maestra de preescolar. Se casó con ella en 1955 y vivieron primero en una casa propiedad de Manuel Almada por la calle Madero, hasta que con un préstamo bancario construyó la modesta casa donde siempre vivió, por la Matamoros entre Juárez y Zaragoza.

Combinó el trabajo de la agricultura con la participación social a través del Club de Leones,-le tocó apoyar la compra de la llamada cueva de los leones- en tiempos en que los clubes de servicio realmente se vinculaban con las necesidades de la gente y actuaban en consecuencia.

Roberto iba a cumplir 89 años el próximo 27 de mayo. Supo vivir su productiva vida. Tanto en su casa como en el vestir como en sus comidas, en su carro, sus pasatiempos, su familia y en sus actividades privadas, en su persona siempre predominó la sencillez.

Así fue toda su vida. Cada vez que le preguntaban, sostenía que “nunca tuvo una particular obsesión por la acumulación de dinero o bienes, pero sí para lograr lo necesario para educar y alimentar bien a sus hijos”.

Sus hijos Roberto, José, Horacio, Mario y Carlos- a quienes siempre presumía- de que nunca les había faltado nada, lo supieron muy bien.

Como “positivo, honrado, derecho y trabajador “siempre lo calificaron así sus cercanos y el pueblo”. En lo personal siempre sostuvo vivir “sin rencores, sin odios, sin ningún sentimiento encontrado”, de ahí su salud, su excelente sentido del humor, su longevidad y su lucidez.

Lo recordaba todo, y vivía la emoción -y la tristeza por los amigos que extrañaba- en cada uno de sus recuerdos, de los paisajes, los sabores y colores de su tierra y las personas en cada una de sus palabras.

Fue siempre hasta el final de su vida Roberto Rosas Ibarra un ejemplo de congruencia y pragmatismo, y como político—genio y figura—, íntegro, con altas y bajas, con más aciertos que errores como todo ser humano. Hoy 3 de enero murió el gran hombre amigo leal, y político de convicciones y firmeza don Roberto Rosas Ibarra uno de los mejores presidentes municipales que ha tenido Huatabampo en su corta historia.

En lo personal y familiar—incontables anécdotas de por medio— lo tratamos en lo personal y lo político y hoy lo recordamos con cariño, admiración y respeto en ambas facetas, pero más en la del excelente ser humano que siempre fue hasta el final de sus días. A su viuda, sus hijos y sus nietos, nuestras sinceras condolencias.

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