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GL La Verdad Radio 1270 AM

Historia de Domingo

Por:   Raúl Ruiz 7 de julio de 2018

El inicio de una
   “Revolución Pacífica”

Por Raúl Ruiz

 

Nancy “N” es una entusiasta activista del PRI.
Vive en una colonia miserable del Poniente de Hermosillo.
Ese asentamiento es similar a muchos que hay en cada una de las principales ciudades de Sonora.
En su vivienda, ubicada a un costado de una polvorienta calle de Pueblitos, habita su esposo Miguel “N”, un tesonero empleado de maquiladora, y tres de sus cinco hijos.
Dos de ellas, Gisel y Brianda, madres solteras con 2 y 1 hijo respectivamente, comparten una de las habitaciones de la casa.
Las otras piezas son una cocina desvencijada, cubierta de cartón, y otra pieza que simula ser una recámara donde duerme Nancy, Miguel y dos de sus tres nietos.
Miguel Jr., el tercero de los hijos, duerme en un sillón en lo que es la “sala de la casa”.
Una entrada a la casa es todo lo demás: Cuarto para ver la televisión, comedor y sala (dos sillones usados apretujados en una esquina), junto a un viejo ropero donde se arrumba la ropa.
El agua escasea porque no llega siempre y la energía eléctrica falla.
Nancy participa desde hace tres elecciones con el PRI y se ha ganado el rol de “Coordinadora”.
Le dicen “líder” y, bueno, ella supone que lo es.
En esa posición jugó, por primera vez, en la última campaña y elección local, la del domingo pasado.
Previo a eso, durante los últimos tres meses recibió un pago de 1,200 pesos a la semana por organizar, reclutar y coordinar el esfuerzo de 85 activistas que comprendían lo que le dijeron era un “Cuadrante”.
Ellas, su equipo, recibían 600 pesos a la semana cada una.
Quienes las contrataron supusieron que con ese pago era suficiente para garantizar lealtad, esfuerzo, compromiso, entrega, pero sobre todo triunfo.
Bajo el hombro de Nancy y su equipo había la responsabilidad de convencer y movilizar al menos 5 mil votos a las casillas que les correspondían en esa zona.
Al final, de acuerdo con los registros de los jefes de Nancy, apenas llegaron 780.
Algo así como el 15%.
La tarea de Nancy y su equipo fue un fracaso.
Todo mundo les dijo que “sí”, les tomó el dinero, la comida, la bailada, la cerveza y los mandiles y tortilleros que les dieron, además de las camisetas… pero votaron por otro partido.
Ahora ellas presumen que fue por Morena, el partido de Andrés Manuel López Obrador.
“¿Qué crees que pasó?”, le pregunté a Nancy cuando volví a su miserable colonia tras las elecciones:
“No sé. No lo entiendo todavía”, afirma.
Tiene muchas respuestas como hipótesis, pero terminan en especulación y sospechas.
Nada más.
Sus vecinos, sus conocidos, sus familiares, sus propios activistas, no votaron por el PRI, ni por los candidatos que le dijeron que lo harían.
Hubo motivaciones más poderosas para engañarla:
Esas respuestas son las que Nancy ni sus activistas no tienen. Sólo sospechas.
Esas motivaciones poderosas fueron las que provocaron el domingo pasado, el 1 de julio, una auténtica “Revolución Pacífica”.
Miles de ciudadanos, alineados en una idea y un objetivo, sin decir nada, en silencio, acompañados de sus familias, de sus amigos, de sus afectos, acudieron a las urnas y provocaron el mayor cambio político en la historia de este País en los últimos 108 años.
Desde el 20 de noviembre de 1910, fecha oficial del inicio de la Revolución Mexicana, la mayor revuelta del País, que terminó con la dictadura de Porfirio Díaz, México no vivía un cambio tan radical como el del 1 de julio pasado.

Lo del 2000, una ilusión

En el 2000, cuando Vicente Fox se convirtió en el primer Presidente de la República, muchos creímos que esa “Revolución Pacífica”, la que llega por las urnas y con votos masivos y voluntarios, era una realidad.
Después nos dimos cuenta que no.
Que el “statu quo”, que las estructuras complejas e infectadas de intereses que mantenían el estado de cosas del País, permanecían intactas.
En algunos casos, incluso, como la violencia, crecían.
Todo terminó siendo una ilusión que finalizó en desilusión.

La esperanza renovada

Una Revolución es un cambio profundo.
No es cualquier cosa.
Noam Chomsky, ese célebre pensador de izquierda estadunidense, y una de las mentes más brillantes en la explicación del fenómeno social, sostiene que una Revolución tiene dos condiciones indispensables:
1.- La Revolución tiene que tener el apoyo de la inmensa mayoría de la población.
2.- Debe cambiar las instituciones, pues se supone que las metas justas que se quieren alcanzar no se pueden realizar desde dentro de la estructura institucional imperante pues, ésta, les reprime con violencia de diferentes tipos. No toda la violencia es física.
La ruta de la Revolución no siempre es pacífica, puede ser también violenta si hay quienes se resisten a ese cambio.
El movimiento que ahora hemos visto con gran fuerza y vigor el pasado domingo 1 de julio, tiene sin duda el primero de los requisitos: Ha recibido el apoyo mayoritario de los mexicanos.
La gran duda, y eso es lo que apenas estaremos viendo en los días subsecuentes, es si en realidad provocará un cambio profundo en las instituciones, símbolo de las actuales condiciones de vida de los mexicanos.
Nancy y su miserable condición de vida, es un buen ejemplo de cómo esas instituciones, preservadoras de un “statu quo”, no han funcionado ni han generado el bienestar social necesario al ciudadano común y corriente.
Ahí radica la profundidad real de un cambio social, de una auténtica Revolución.
Ahí es donde se ha gestado esa esperanza de miles de mexicanos, sonorenses entre ellos, que salieron ese domingo histórico a buscar que las cosas que no les satisfacen, que no los hacen felices, cambien.
Es evidente que hay insatisfacción, pero las razones profundas del cambio todavía no se conocen con detalle.

El reto es gigantesco

Andrés Manuel López Obrador, quien todavía tiene 5 meses para asumir de manera formal el cargo de Presidente de la República, el próximo 1 de diciembre, ganó con tal contundencia que ya gobierna, ya manda, ya decide.
Sin embargo, son tantos los problemas y desafíos que tiene por enfrente, que al menos hasta ahora no se ha alcanzado a delinear si en realidad renovará las instituciones, esas del cambio profundo que plantea Chomsky.
Si eso no ocurre, habremos de estar acudiendo a una simple renovación de mandos precedida por una rebelión de masas esperanzadas en que la desigualdad se acabe.
Ojalá y no suframos una desilusión más.

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FRASE TESTIMONIAL

“…La cuarta transformación será como la Independencia y la Revolución Mexicana pero sin violencia. Las tres transformaciones que se han registrado se hicieron por la vía violenta, ahora va a ser pacífica; pero va a ser igual de profunda como fue la Independencia y la Revolución Mexicana ... va a ser pacífica, ordenada pero radical…”; Andrés Manuel López Obrador, Presidente Electo de México

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