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GL La Verdad Radio 1270 AM

Historia de Domingo 

Por:   Raúl Ruiz 9 de junio de 2018

Los inspiradores
     (conocidos como influencers)  

Por Raúl Ruiz 


Todos los días (y a veces hasta varias veces al día) en su Instagram, la popular red social, hay una frase inspiradora. Una de las últimas, esta semana, fue la siguiente: 

“… Las excusas son los pretextos de los mediocres ¡Sí se quiere, se puede!...” 

No tiene mucho de extraordinario, pero es increíble cómo se ha convierte en la gasolina de cientos de deportistas o amantes del fitness que, motivados por ella, entran a ese galerón convertido en gimnasio a sudar, sudar y contonearse al ritmo de la música reguetonera que suena y suena mientras los instructores tratan de dirigir el rumbo de los atletas. 

Es Jesús Almada, “El Chuy”, un navojoense que se ha convertido en referencia e inspiración para quienes hacen deporte. 

Su instagram y sus seguidores hablan de su nivel de influencia:  

Hasta el viernes había acumulado 95 mil 900 y se espera que esta semana rebase los 100 mil. 

En el Sur de Sonora no hay quien tenga más seguidores que “El Chuy”, como le dicen animosos sus amigos. 

Pero más allá de sus comentarios positivos hay un objetivo: 

“Es inspirador. No te imaginas los comentarios de agradecimiento que recibe por lograr cambios en las personas”, dice Carlos Godínez Almada, su primo hermano y quien se desvive en reconocer su influencia e impacto positivo en la gente. 

Pero lograr lo que ahora se ve no ha sido fácil. 

Jesús Almada, “El Chuy”, no se cansa de aparecer en video. 

Y lo hace con rutinas prácticas de ejercicio, algunas complejas para un mortal por el nivel de dificultad que representan. 

Pero ni con el dolor reflejado en la cara, ni el calor, no amilanan. 

Luce animado y anima con el teléfono en las manos a sus alumnos que todos los días amanecen tocando la puerta de ese galerón para recibir un tiempo de calentamiento y luego sumarse a las rutinas que terminan con guantes golpeando costales de boxeo. 

“Es adictivo…”, refiere en sus mensajes “El Chuy”. 

Este es sólo uno de los ejemplos del alto impacto que están teniendo los “Influencers” en nuestras vidas. 

Detrás de este ejercicio hay toda una industria: Miles de jóvenes, unos haciendo deportes, otros hablando de comida, unos más de vinos, otros de juegos de video y, otros menos, de política o acontecimientos noticiosos de coyuntura, buscan cautivar audiencias específicas para dirigir sus mensajes. 

Pero no sólo es la fama la que importa, sino que, al final, lo trascendente para ellos es ganar dinero. 

 

Modelos de éxito 

 Hay quienes, como “El Chuy”, lo han logrado, pero en la moda. 

Un ejemplo es Lara Marín, una española que convirtió su afición por la fotografía en un gran negocio. 

Ella tiene 550 mil seguidores y su única tarea ahora es viajar, tomarse fotos con artículos de lujo, y exponerlos para tentar a los potenciales clientes. 

“Es Marketing puro”, dice Shelly Quintero, una copropietaria de la agencia de Publicidad A Marketing, del Condado de San Diego. 

Tan sólo en España este año se estima que esta industria generará ingresos por casi 20 millones de dólares. 

Las tarifas son muy cuantificables: Por una foto alguien con 100 mil seguidores cobra alrededor de 1,800 dólares. 

Si su alcance fuera de medio millón, el cobro por una sola foto sería de 5 mil 400 dólares. 

 

Aparecen los fraudes  

Claro que ello, el tener cada vez más seguidores, se ha convertido en una fuente de fraudes entre quienes se generan seguidores artificiales. 

Cometen fraude, pues. 

Ello ha obligado a que las cuentas “engordadas” de potenciales “influencers” tengan ahora que ser auditadas para determinar que no son falsos sus seguidores y que quien invierta en ellos pueda tener resultados.

En un tiempo en que el crecimiento de los “bots” se multiplica fácilmente, y que haya incluso empresas dedicadas a fabricarlos y venderlos, los “influencers” desleales han encontrado ahí una veta para figurar… y cobrar.

 

¿Y nuestros influenciadores? 

Marlene Selene, una conductora de Televisa en Hermosillo, es popular e “influencer”, y utiliza su bien ganada fama para explotar su físico corporal con anuncio se varias marcas que buscan que ella los mencione.

Con sus 148 mil seguidores en Instagram y 65 mil 516 en Facebook (al menos a la hora de redactar este artículo) ella, por sí misma, es una herramienta útil para la promoción comercial, pero su potencial se desaprovecha para comunicar otros mensajes más formativos para sectores, como por ejemplo, el de los jóvenes.

Otro con un perfil completamente distinto es Daniel Salinas, uno de los mejores novelistas contemporáneos de México.

Este regiomontano radicado en Tijuana se alista para celebrar con bombo y platillo el arribo a sus apenas 5 mil seguidores en su cuenta de Facebook.

Con todo lo que Daniel le aporta de valor, en mensaje, en tópicos de discusión pública y en los contenidos de sus obras, representará apenas la vigésima parte de “influencia” respecto a Chuy Almada o a la atractiva Marlen Selene.

Un caso muy similar, es el de Víctor Mendoza, uno de los comunicadores que puede presumir ser de los más influyentes en el ámbito de las noticias… pero no ser un “influencer” de peso en el mercado de seguidores: Su cuenta de twitter, la más numerosa, cuenta con 76 mil 676 seguidores, una de las más consolidadas, en tanto que en Facebook presume 3 mil 258 personas como seguidores.

Su presencia en Instagram es marginal con 31 seguidores. De hecho, en su cuenta aparece solo una publicación.

Claro que también hay “influencers” de otro tipo: En su cuenta de Instagram, Yaasira Torres, la hija de unos célebres capos del Cartel de Sinaloa, del crimen organizado, se ha convertido en referencia de moda y artículos de marca.

Su cuenta acumula 58 mil 700 seguidores y cada día suma más, unos por morbo y otras por conocer las tendencias de la moda.

Todo eso, en conclusión, nos habla de la necesidad de multiplicar los “influenciadores” positivos sociales para impactar más a la comunidad.

Porque eso sí: Una cosa es ser “influyente”, y otra, muy diferente, es ser “influenciador”.

 

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