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Palabras de Vida

Por:   Karl Fick 1 de abril de 2018

Serie: Las siete últimas frases de Jesús

Parte 1

Pensamiento clave:

“Se acercaba la fiesta de la Pascua. Jesús sabía que le había llegado la hora de abandonar este mundo para volver al Padre. Y habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Juan 13:1).

Introducción: Las damas dicen que el dolor de parto es el más difícil de soportar, los hombres diríamos que es un martillazo accidental en una uña. Pero eso es algo que los hombres nunca podremos comprobar, y ¡qué bueno!
Lo que sí es cierto es que todos reaccionamos de manera distinta ante el dolor y el sufrimiento. En esta ocasión analizaremos una de siete frases que indican la forma como Jesucristo reaccionó ante el dolor y sufrimiento extremos al que fue sometido, y cuáles fueron las últimas palabras que pronunció antes de morir.
Desde el momento en que atravesaron sus manos los primeros clavos, hasta que expiró en la cruz, pronunció siete frases cortas que guardan grandes enseñanzas para nosotros. Y si te concedes el honor en estudiar su vida y enseñanzas nunca volverás a ser igual y por ello vivirás eternamente agradecido.
El último jueves de la vida de Jesús, participó con sus doce discípulos de la última cena. Al terminar, salió con ellos hacia el Getsemaní (Mateo 26:36). Allí estuvo orando hasta que llegó Judas con los soldados que lo tomarían prisionero. Fue llevado ante el sumo sacerdote Caifás donde lo golpearon y le escupieron el rostro (Mateo 26:67), para después ser llevado ante el gobernador Poncio Pilato, donde sería cruelmente insultado y golpeado (Mateo 27:2, 27-31) y de allí a ser crucificado.
En el momento de su crucifixión, cuando sufría el más terrible dolor producido por los clavos en sus manos y pies, exclamó, la primera frase a tratar hoy.

PRIMERA FRASE:

“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).


En el momento de máximo sufrimiento, cuando cualquier otro hubiera pensado en cómo evitar sufrir ese dolor, defendiéndose o incluso pidiendo clemencia, Jesús, antes que pensar en Él, pensó en quienes le provocaban ese dolor. Sus palabras fueron para otorgar el perdón a sus verdugos, incluso sin que éstos lo solicitaran. Aun en esos momentos, Jesús manifestó más interés en el bienestar de los demás antes que en el suyo propio.
Es ilustrativo el hecho que ofreció el perdón a personas culpables, enseñando con ello que el perdón divino está disponible para todos, y que un verdadero cristiano, que sigue su ejemplo, mostrará esa misma cualidad de carácter, perdonar, aun cuando no te soliciten el perdón.
Hay personas que encuentran difícil perdonar a quienes les hicieron daño. Tal vez fuiste lastimado por tus mismos padres cuando eras niño, o algún otro miembro de la familia. Posiblemente fuiste lastimado por tu cónyuge, algún vecino, jefe en el trabajo, o algún amigo te traicionó. El ejemplo de Jesús hoy nos recuerda que la verdadera grandeza no está en la capacidad de defenderse, porque Jesús la tenía, sino en tratar bien y perdonar a quienes nos lastiman. Esto no es natural en el ser humano, lo natural es defenderse y vengarse. Esta es la sublime virtud de un carácter que fue transformado por Dios.
Ahora bien, no confundamos perdón con justicia. Al final del tiempo Dios hará justicia a todos los que obraron mal y no aceptaron el perdón ofrecido, tanto del ofendido como el de Dios.
Mientras meditas en esta primera frase experimenta el poder sanador del perdón hacia los demás. Es imposible que el amor crezca y se desarrolle si no hay perdón. Y sin amor no puede y se hace inútil la esperanza.

 

Colaboración especial de René Beltrán

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