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Historia de Domingo

Por:   Raúl Ruiz 10 de marzo de 2018

Compasivos, humildes y amables

 

Rigoberto Ramírez Balderrama es de los pocos, muy escasos, que pueden presumir haber estado en un campanario.
Pero el mérito doble de esta gracia, es que lo hizo no para tocar las campanas, sino para participar en un promocional de la “V Bienal de Arquitectura”.
Fue en el Campanario del Templo de la Purísima Concepción del municipio de Álamos.
El arquitecto sonorense fungió de modelo, y no lo hace mal.
Como tampoco sus colegas, que simulan un paseo por el lugar y otros sitios que, con un excelente manejo de cámaras de video nos vuelven a confirmar, otra vez, la belleza arquitectónica y el valor histórico de ese que es uno de los pueblos mágicos de México.
Ellos se han familiarizado en los últimos días con esa ciudad, pues les ha tocado ser parte del equipo de organizadores de la “V Bienal de Arquitectura”, el evento más importante de su tipo en Sonora.
Se lleva a cabo cada dos años y además de conferencias, mesas de discusión y ponencias sobre la actualidad de la arquitectura nacional y mundial, es el marco para entregar los premios a las obras de profesionistas del ramo que son consideradas mejores.
Anoche estaba programada la gala de los trabajos iniciados el viernes y que finalizan este domingo. Hay quienes se comían las uñas.
Es un evento relevante, para una profesión relevante.
La arquitectura, que nació con una visión de trazos para construir edificios, casas e inmuebles atractivos y bonitos, se ha transformado.
Es una actividad que se ha ido socializando: Además de procurar el buen trazo, ahora cuenta con una fuerte carga social, con un compromiso de ofrecer no sólo espacios adecuados o lo más correctamente posibles, sino también enfocados a ser parte de un desarrollo sustentable y que ofrezca condiciones más solidarias para los más necesitados.
Por eso es importante la “V Bienal de Arquitectura” y porque se lleva a cabo en momentos de coyuntura importantes.

El Nobel de Arquitectura

El pasado 7 de marzo, es decir, esta misma semana, se dio a conocer al ganador del afamado “Premio Pritzker”, que es un galardón que cada año se otorga a quien se considera ha aportado más a este oficio en el Mundo.
Es conocido como el “Nobel de la Arquitectura” y debe su nombre a Jay A. Pritzker, que creó el reconocimiento y lo dotó de una bolsa anual de 100 mil dólares para el ganador.
Los requisitos para hacerse acreedor a ese reconocimiento es, de acuerdo con las bases del propio premio, que el ganador esté vivo, y que haya demostrado en su carrera un alto nivel de creatividad en el diseño de las obras que además deben ser funcionales y de buena calidad en la construcción. 
Los propios jurados reconocen que en los últimos años la relevancia del aspecto social ha crecido a la hora de la definición de los ganadores.
Aunque el premio fue creado en 1979 sólo un mexicano, el arquitecto Luis Barragán, lo ha ganado. Eso ocurrió en 1988.

El más anciano

Este año el “Premio Pritzker” se otorgó a Balkrishna Doshi, un arquitecto de origen indio, y quien nació en la empobrecida comunidad de Pune, en la India.
Su caso es emblemático por ser primero en muchas circunstancias.
Es el arquitecto más anciano en recibir el galardón, pues cuenta con 91 años de edad.
También es el primero de origen indicio en esa condición.
Pero sobre todo es quien más simboliza el enfoque social de la arquitectura.
La larga labor de Doshi a favor de los que menos tienen y su trabajo constante por construir espacios que tengan armonía con el medio ambiente ha distinguido su trayectoria.
El galardonado parte de un principio básico: La depuración de la arquitectura tradicional da como resultado edificios modernos.
Otro ingrediente de su obra es fusionar elementos que hasta ahora se suponían difíciles o a veces incompatibles con el oficio del arquitecto: Es uno de los defensores del concepto que establece que el urbanismo, el paisajismo y la arquitectura no se pueden separar. 
Pero quizás lo más relevante es que en la en arquitectura, la responsabilidad es tan importante como la identidad.
Antes se sabía poco o casi nada de la filosofía de trabajo de Doshi y su compromiso por crear entornos amigables, sí, pero sobre todo sustentables, en el sentido más amplio e integral de la palabra.
Quienes se han sumergido en su trabajo ahora saben que su estudio, casi una escuela, en la India se llama “Sagath” que se traduce en “Moviéndonos Juntos”, como una manera de afirmar su compromiso a trabajar en equipo y haciendo cambios profundos pero, esos sí, respetando el origen de las cosas.

Los sonorenses 

Ahora que los arquitectos se han reunido y cerrado filas en torno a su profesión en el evento más importante de cada dos años, bien vale la pena recuperar la filosofía de Doshi y su compromiso con el medio ambiente y los espacios para los más necesitados, pero sobre todo el respeto a nuestra identidad.
Álamos, donde un equipo grande comandado por Daniel Almada Ibarra, uno de los principales promotores de esta actividad, Marcelo Martínez, el Presidente de la Federación de Colegios de Arquitectos de Sonora, además de activos valiosos para el sector como Emma Almada Murillo y el propio Rigoberto Ramírez, es un buen principio para reconocer nuestro orígenes y trabajar en lo que sigue.
Rigo, quien desde el Campanario de la Iglesia de la Santísima Concepción tuvo la oportunidad de observar la majestuosidad de nuestro entorno natural, debe tener una visión más clara de ello.



Compasiva y humilde

De acuerdo con el ganador del "Nobel de Arquitectura" la profesión debe ser como el ser humano: Compasiva, amable, y sofisticada. Pero además humilde, anónima y sin adjetivos. Y debe tener otro ingrediente: No confundir la sostenibilidad medioambiental , ahora de moda, en solitario, sino llevarla junto, de la mano, con la sostenibilidad económica y la responsabilidad social.

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