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Desde Holanda

Por:   Dianeth Pérez Arreola 12 de febrero de 2018

Violencia y distancia


Hace varias semanas falleció una mexicana de nombre Berenice en una pequeña localidad de Bélgica, a manos de su pareja. Tenían dos niñas pequeñas que, de acuerdo con lo que indica la ley, quedaron bajo la custodia de la familia paterna.
Berenice tenía más de cinco años en Bélgica, no había regresado a México desde que decidió irse a vivir con su pareja y su familia no tenía recursos para visitarla, así que solo habían visto a las hijas de Berenice en fotos.
Según algunas notas informativas, las peleas entre la pareja eran constantes. La familia de Berenice nunca supo nada sobre la situación de violencia doméstica que ella vivía. Casi no conocía a nadie y no hablaba flamenco.
Berenice nunca registró a sus hijas en la embajada mexicana, y su familia incluyó este trámite en una petición junto con muchas otras, en la plataforma Change.org y afortunadamente consiguieron el apoyo solicitado; repatriaron el cuerpo de Berenice a México, la madre está en Bélgica siguiendo el proceso judicial del acusado, y además está intentando obtener la custodia de sus nietas.
Este caso sacudió a las comunidades de mexicanas no solo de Bélgica, sino de Holanda y otros países europeos. Muchas no estamos preparadas legalmente para dejar todo arreglado en caso de ausencia.
Muchos mexicanos hemos ido a otorgarles la nacionalidad mexicana a nuestros hijos, pero eso no basta. Si la madre muere, el padre tiene la custodia de los hijos, y viceversa, pero si los dos mueren, la custodia queda en poder de la familia paterna.
La comunidad mexicana en Países Bajos, excluyendo a los estudiantes, está compuesta en su mayoría por mujeres casadas con holandeses, y a muchas nos gustaría que la patria potestad de nuestros hijos quedara en manos de nuestras familias en México. El caso de Berenice nos ha hecho abrir los ojos y empezar a buscar la manera legal de dejar todo estipulado para que se haga nuestra voluntad.
Un juez holandés ante la falta de un documento legal, optará la mayoría de las veces por dejar a los niños en el ambiente en el que han crecido, a cargo de la familia que vive en este país. La solución es un documento firmado ante Notario con el deseo de los padres.
Le pregunté vía correo electrónico a la embajada mexicana en Países Bajos, que cómo podíamos estar mejor preparadas para ahorrarles a nuestras familias una larga batalla legal por la custodia de nuestros hijos en caso de muerte, a propósito de lo sucedido a Berenice en Bélgica. No pudieron darme una respuesta concreta. Fue en el grupo de mexicanos en Holanda donde dimos con el documento notariado.
El extraordinario apoyo por parte de la embajada mexicana en Bélgica, aparte de la presión social, es también un mea culpa por haber manejado tan mal y tan a destiempo la intermediación entre las autoridades belgas y la familia de Berenice.
Y ni la embajada mexicana en Países Bajos, ni seguramente muchas otras, cuentan con una lista de instituciones locales a las que una mujer puede acudir en caso de violencia doméstica, o un ejemplo de la carta notariada sobre la patria potestad en holandés, el nombre y dirección de las notarías del país o una lista de traductores; en fin, información sobre servicios que no les cuestan nada, y que pueden salvar vidas.

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